Los Estados Unidos necesitan un discurso cultural más amplio sobre la inmigración indocumentada

Recognizing the stories and experiences of immigrants, putting a human face on their experiences has the possibility of moving the conversation forward in a positive fashion. (Raymundo Aguirre/Borderzine.com)

Reconocer las historias y experiencias de los inmigrantes, poner una cara humana en sus experiencias tiene la posibilidad de mover la conversación hacia un estado positivo. (Raymundo Aguirre/Borderzine.com)

EL PASO – Crecí a menos de una milla de la frontera entre México y Estados Unidos.  Creo que no tomé conciencia del significado de la geografía a mi alrededor mientras crecía, pero sí recuerdo ir manejando con mi abuelo en la carretera estatal que pasa junto a la frontera y ver ocasionalmente a personas corriendo a través de la carretera después de cruzar el Río Bravo y entrar a los Estados Unidos.

No tenía noción de la legalidad sobre lo que esas personas estaban haciendo, pero sí recuerdo tenerles miedo. En mi joven mente, entendía que algo estaba pasando y al ver los vehículos de la Patrulla Fronteriza ir detrás de ellos, asumía que seguramente habían hecho algo malo. Mi conclusión sin duda estaba influenciada por los medios de comunicación que consumía, incluyendo filmes como La Frontera y el Lobo Solitario McQuade. Estas películas, ambas filmadas en El Paso, junto con innumerable ejemplos de cultura popular y muchos noticieros, influenciaron mi perspectiva sobre los que cruzan las fronteras.

Veo hacia el pasado con un cierto nivel de aflicción por mis sentimientos hacia las personas que eran inmigrantes indocumentados. Saber que estas personas que cruzan fronteras, donde arriesgan todo por la promesa de algo mejor es para mí causa de asombro, principalmente porque no estoy seguro de poder hacer lo mismo en caso de que se cambiaran los roles. Mis contribuciones académicas al discurso sobre inmigración son importantes para mí, porque aunque yo no soy inmigrante ni mis padres lo fueron, pienso que tengo la responsabilidad de tratar de entender porque muchos tratan a los inmigrantes, documentados e indocumentados, en formas negativas.

La inmigración y los discursos políticos y públicos sobre la reforma a la política migratoria inevitablemente abrigan enemistad hacia los inmigrantes. Mientras la reforma política generalmente se refiere a cambiar políticas para todos los inmigrantes que intenten entrar a los Estados Unidos, aquellos que vienen ilegalmente o sin los documentos necesarios son los que reciben lo peor de la insatisfacción pública y política. Históricamente, la reacción sobre la inmigración hacia los Estados Unidos viene en forma de xenofobia en contra de los inmigrantes y descontento con las políticas o falta de políticas para lidiar con la inmigración.

El sentimiento anti-inmigrante contemporáneo está sobrecargado de preocupaciones económicas, miedo al cambio cultural, y la retórica que construye amenazas que ligan la inmigración indocumentada con el terrorismo. La reforma migratoria se ha complicado más debido a la falta de capital político de los inmigrantes; ellos cuentan con defensores pero no tienen representación, ya que no son ciudadanos, y por los esfuerzos de criminalización, por lo que frecuentemente se encuentran en un vacío legal.

Mientras que mucha de la retórica anti-inmigrante es consistente con temas usados por los nativists a través de la historia contemporánea de los Estados Unidos, mucho de lo que está expuesto actualmente se ha acelerado debido a dos factores: la rapidez de la inmigración y la cobertura de los medios masivos. Al inicio de la historia de los Estados Unidos, la inmigración se medía por años ya que el flujo de inmigrantes tomaba tiempo para llegar de sus respectivos países hacia los Estados Unidos. El flujo migratorio a través del país ahora se puede medir en semanas y meses mientras los incentivos económicos y la presión económica global requiere fuerzas laborales que se muevan de un lado a otro mucho más rápido. El segundo factor, imágenes mediáticas de inmigrantes indocumentados, plantea un reto de cómo, nosotros como sociedad pensamos acerca de la inmigración.

Mientras estas imágenes han sido usadas para satanizar a los inmigrantes indocumentados abundan en los discursos social y político, el problema estalla cuando se consideran imágenes que son hipotéticamente favorables a los inmigrantes. Los reportes de noticias y documentales sobre el tema migratorio tienden a incluir imágenes yuxtapuestas con otras sobre autoridades del orden en la frontera, que resaltan implícitamente la ilegalidad de cruzar hacia los Estados Unidos.

En el mundo de la cultura popular, las imágenes asociadas con la inmigración han aparecido en una variedad de programas de televisión y películas. Una porción importante de inmigrantes hacia los Estados Unidos proceden de México y otras partes de América Latina, por lo cual estas representaciones son frecuentemente empaquetadas como latinos en general.  Mientras la cambiante demografía se despliega entre los productores de medios de los Estados Unidos, existe más presencia de latinos en películas y televisión. Mientras sigue el debate sobre estas imágenes, basta decir que es importante considerar la forma en aparecen más latinos en estas producciones.

Un ejemplo actual, Betty la Fea en ABC, presentó una historia enfocada en el padre como personaje principal. En el desarrollo de la historia, se revela que el padre está en los Estados Unidos sin la documentación adecuada. A través de una serie de circunstancias, su status migratorio se resuelve e incluso se convierte en ciudadano de los Estados Unidos.

El personaje se encuadra de forma favorable a lo largo del programa y en particular mediante su experiencia con el sistema migratorio. La resolución del status migratorio del padre no solo es irreal, sino que ocurre con una eficiencia rara vez vista en el proceso de naturalización.

Mientras la favorable representación es alentadora, para los estudiosos de los medios de comunicación especialmente, las imágenes se mueven en tanto para exagerar la simplificación del proceso migratorio y socavar la responsabilidad colectiva de los ciudadanos para trabajar en el mejoramiento de estos procesos. La sugerencia de una responsabilidad individual y la facilidad con que Ignacio, el padre de Betty se mueve a través del sistema es errónea mientras muestra un lado amable.

A medida que va creciendo el sentimiento anti-inmigrante, la tendencia general en la inmigración indocumentada actualmente está disminuyendo. Los descalabros económicos enfrentados por los Estados Unidos se han deslizado hacia sectores de la economía del trabajo manual y los servicios, donde trabajadores indocumentados han encontrado oportunidades en el pasado. A pesar de este cambio en el flujo de inmigrantes, los indocumentados han estado recibiendo políticamente mucha atención a lo largo del país. En las medidas de las votaciones desde Arizona hasta Oklahoma, están introduciendo a las policías estatales para lidiar con la inmigración indocumentada en varios niveles.

Estas medidas, los debates y la controversia que han generado, parecen tener las características de un tema de división política; crear una división en el discurso político de hoy, sirviendo como una clara llamada para atraer votantes a las casillas. En varias elecciones pasadas, especialmente en las elecciones presidenciales de 2000 y 2004, el partido Republicano cargó estratégicamente el debate político sobre un asunto controversial: el matrimonio entre personas del mismo sexo, como una forma de captar partes de su base de votantes y para atraer votantes indecisos en la burbuja del campo Republicano. Los asuntos polémicos frecuentemente no resultan en acciones directas sobre el tema sobre el cual las medidas controversiales, regularmente fracasan o son objeto de demandas legales después de la elección, pero el poder de  un asunto polémico va sobre el apoyo económico y la presencia real para los candidatos, grupos especiales de interés y partidos políticos.

La inmigración como asunto polémico viendo hacia la elección de 2012 ofrece un número de beneficios estratégicos para el partido Republicano. En primer lugar, los inmigrantes indocumentados carecen de capital político. Al no ser ciudadanos, los inmigrantes indocumentados no tienen manera de involucrarse en el proceso político; no pueden votar, tienen un número limitado de defensores, y frecuentemente estos inmigrantes dejarían los Estados Unidos si tuvieran la oportunidad. En segundo lugar, aunque existan esos llamados de compasión para la causa de los inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos, las maniobras retóricas han asociado la reforma migratoria exclusivamente con la seguridad nacional y la recuperación económica. En otras palabras, para aquellos que apoyan la idea de hacer reformas que lleven a una política migratoria más humana, colocan su postura sobre política migratoria como equivocada por comprometer la seguridad o facilitar una crisis económica.

Finalmente, aunque las imágenes de apoyo continúan surgiendo en los medios, existe el riesgo de que la absolución de una acción colectiva vaya a minimizar la capacidad de los defensores de la inmigración y de otros preocupados sobre el derecho de los indocumentados de conseguir apoyo en contra del uso de la inmigración como un asunto controversial en política.

Los Estados Unidos siempre tendrán que lidiar con la inmigración. Las políticas de control fronterizas que construyen bardas “impenetrables” y militarizan el espacio entre los Estados Unidos y México siempre serán desacreditadas por la política económica interna y externa para que Estados Unidos continúe siendo competitivo globalmente. En lugar de empujar políticas que prolonguen el mantenimiento de su imagen, el gobierno estadounidense debería involucrarse en un discurso más amplio, cultural que atienda los miedos y preocupaciones sobre la inmigración indocumentada. Las imágenes de apoyo son una mejora sobre las imágenes racistas y xenofóbicas, pero las consecuencias no deseadas de estas imágenes frecuentemente producen los mismos resultados que sus contrapartes negativas.

Reconocer las historias y experiencias de los inmigrantes, poner una cara humana en sus experiencias tiene la posibilidad de mover la conversación hacia un estado positivo. Esto no quiere decir que las políticas migratorias van a cambiar, pero cambiar el diálogo es un saludable primer paso en el proceso.

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