Saltan migrantes la frontera del idioma

In the months of January and February 2011, the U.S. deported more than 66,000 Mexicans. (Janeth Torres/Borderzine.com)

En los meses de enero y febrero de 2011, Estados Unidos deportó a más de 66 mil mexicanos. (Janeth Torres/Borderzine.com)

CIUDAD JUÁREZ — Después de dos deportaciones de Estados Unidos y seis intentos fallidos de volver a cruzar, Carlos, de 56 años de edad, ha aprendido a trabajar en México y dice que solo es cuestión de echarle más ganas y de no desesperarse porque no es lo mismo conseguir trabajo aquí que allá.

“¿Qué estamos en 2011? Me deportaron en el 95, hace 16 años.”, señala Carlos, ahora empleado de una empresa mexicana. La de él es una de muchas historias que son difíciles de conocer porque los únicos que se enteran son ellos mismos, el país que los echó y en casos afortunados, sus familias.

A  más de una década de la deportación de Carlos, los números han cambiado. En 1995, Estados Unidos deportó a 853,365 mexicanos, sin embargo, en los años siguientes la deportación de migrantes ilegales ha mostrado una tendencia a la baja, ya que en el 2010 la cifra disminuyó a 439,898, y en el 2011 apenas los 66,000 en los meses de enero y febrero. (A esta tasa de 33,000 por mes el monto ascenderá a 396,000).

Pero estos son sólo datos del Instituto Nacional de Migración (INM), cifras que no cuentan la historia de estas personas, miles de historias diferentes que no se saben y que muchas veces ni siquiera se sabe que existen debido a la falta de información sobre este tema.

A través de Carlos es posible conocer una de estas historias que siguen repitiéndose por miles.

Todo por el sueño americano

Carlos fue deportado dos veces, la primera desde El Paso Texas. “Me deportaron la primera vez porque iba con un hermano mío. Yo llevaba mis papeles y todo y él llevaba papeles falsos, se dieron cuenta y a mí también me los quitaron. Nos quitaron los pasaportes, nos los rompieron y nos entregaron una hoja que decía que estábamos deportados por 10 años”.

“La señorita que me explicó mintió, porque me dijo que como yo no tenía nada que ver mi pasaporte iba a ser retenido solo un año y me dio un papel firmado y decía ahí que en un año yo podía sacar mi pasaporte otra vez”, relata.

Cuenta Carlos que la segunda vez que lo deportaron fue a los 15 días de haber regresado a su casa. Consiguió una persona que los llevara por Agua Prieta, hacia Arizona y volvió a intentar pasar “al otro lado”.

“Cuando íbamos para allá nos agarraron, nos agarró la migra y era una señora, le pregunté que si qué iba a pasar con nosotros que porque me acababan de deportar y me dijo –no, solamente vamos a ir a las oficinas, usted responde a unas preguntas y ahí mismo se va a su casa”.

Deportación en tu idioma

La deportación es un proceso legal y, como todo proceso legal, cada fase debe ser explicada de manera que el procesado entienda todo lo que está pasando. Es derecho del migrante recibir interpretación competente para los no angloparlantes. Además, el acta de libertad de información obliga a los oficiales de inmigración a cumplir con las leyes de acceso a idiomas.

Carlos no tuvo complicaciones con el idioma la primera ves que lo deportaron, de El Paso Texas, le explicaron todo en español y no tardó ni cuatro horas en estar nuevamente en México. Los problemas vinieron en Arizona.

“Cuando me volví a ir, que nos volvieron a  agarrar las personas que me estaban tomando la declaración no me dijeron nada en español; y, pues es desesperante  cuando estás escuchando otro idioma que no entiendes, afortunadamente les entendía un poco y me pude defender un poco”.

El proceso legal de la deportación finaliza con la firma de un juez en la que autoriza  la notificación donde se aceptan, por parte del gobierno de Estados Unidos y por la persona procesada, los acuerdos pactados y los cargos.

Parte de los acuerdos pactados durante el proceso tienen que ver con promesas que hacen los mismos oficiales del departamento de inmigración para facilitar la cooperación de los deportados.

Debido a estas promesas, la persona tiene derecho a no firmar la notificación hasta que lo prometido por los agentes migratorios en el momento de la detención, se cumplan.  En el caso de Carlos le prometieron regresar a su casa el mismo día que lo detuvieron.

“Cuando me estaban tomando la declaración me preguntaron que si algún oficial me había prometido algo y yo le dije que sí, que la oficial que me había detenido me había prometido que ese mismo día me iban a mandar a mi casa”.

“Cuando me entregaron las hojas para que las  firmara, me las entregaron en inglés y le dije — las puedo leer? — y me dijo — ¿sabe leer en inglés?, pues si puedes leerlo léelo — busqué esa pregunta de que si me habían prometido algo y estaba vacío,  entonces le dije que yo no lo podía firmar porque un oficial me prometió que me iban a regresar ese día”, agrega.

“Señalé a la que me había prometido que me iban a regresar ese mismo día, el supervisor habló con ella, todo era en inglés, nadie  me explicaba nada, me volvieron a llevar a la celda y me dijeron — ahorita te hablamos para que firmes los papeles — cuando volvieron a hablarme, el expediente era más grande,  lo leí y ya estaba firmado por la oficial la parte donde decía que me iban a regresar a mi casa ese mismo día”.

Cada caso de deportación es diferente, algunos procesos se llevan más tiempo que otros dependiendo de los cargos, de las personas involucradas como los jueces y los agentes de migración, de las apelaciones que pueda presentar la persona y de la intervención de los abogados con especialidad en migración, la ley de inmigración dice que el proceso no debe de durar más de 90 días, sin contar las prolongaciones de tiempo que un juez aplique al caso.

En el caso de Carlos el proceso no fue largo. Lo detuvieron a las 11 de la mañana y para las seis  de la tarde ya estaba libre. La oficina de migración estaba a dos cuadras de la línea de cruce incluso le dieron la oportunidad de pasar por su cuenta nuevamente a México.

“Me dejaron cruzarme solo, hasta creí que era una trampa porque por ahí hay unas tiendas y uno se puede meter y todo, pero yo creo que ellos querían que me metiera para poder agarrarme otra vez, entonces mejor me porté bien y me regresé solito a México”.

“Al año siguiente me fui otra vez para sacar bien mis papeles; hasta traía el papelito que decía que en un año podía sacar mi pasaporte otra vez. Me presenté  con el papel  y les dije que me ya me habían deportado y que quería tener mi visa otra vez y el muchacho me dijo que yo no podía regresar hasta dentro de 90 años, entonces le di el papel firmado que decía que yo podía sacarlo dentro de un año y el señor me dijo — pues busca al oficial que te firmó ese documento-  me dijo que los pasaportes se daban ahí y le contesté — ah bueno pues 90 años se pasan rápido.  Salí de la oficina y me regresé a mi casa y esa fue la última vez que traté de ir a Estados Unidos”.

De vuelta a México

La falta de comunicación entre los gobiernos de Estados Unidos y de México ha provocado que los deportados se encuentren solos y sin ninguna ayuda ante este proceso, es tanta la desinformación que circula en torno a este tema que los datos de los deportados mexicanos son difíciles de conseguir.

El Instituto Nacional de Migración solo cuenta con datos de personas que son deportadas de México a otros países y los datos de los deportados que llegan de Estados Unidos están repartidos entre el Consejo Nacional de Población (CONAPO)  y otras instituciones civiles que ayudan a la trata de este tema.

“Los gabachos no se preocupan de que si tú traes dinero en la bolsa  para regresarte; para ellos los más importante es que te vayas de su país sin importarles lo que te pase después. Cuando cruzas la línea no les importa si tienes que comer o a dónde quedarte. Ellos no te orientan, solo te dejan del otro lado y de ahí ya es cosa tuya”.

“Los gobiernos no están comunicados para recibir a los deportados, bueno
antes no, uno llegaba y era empezar a buscar aventón o pedir monedas para llamar a tu familia y que te recogieran. No sé cómo es ahora, pero antes te llevaban a la salida y de aquel lado no había más que coyotes que te convencían para pasarte otra vez”.

Ahora Carlos  dice también que ya no tiene ganas de ir a trabajar a Estados Unidos, si alguna vez tiene deseos de volver a ir será solo de paseo.

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